18. Tecnología Viva del Amor
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El Amor – Absoluto Incondicional Eterno – es el Supremo Deleite accesible a la naturaleza humana. El Amor es un sentimiento, es una energía, es una fuerza, la Fuerza Suprema. El Amor es la fuente y la materia primordial de la que todo está compuesto. El Amor es la más alta calidad de las relaciones mutuas entre los seres humanos y, en general, entre cualesquiera seres. El Amor es la Suprema Verdad. El Amor es Dios. Es precisamente por eso que todas nuestras aspiraciones, todos nuestros deseos, todos nuestros pensamientos están de un modo u otro vinculados al Amor. Sí, rara vez reflexionábamos sobre la fuente de este Amor, y por eso lo buscábamos en aquello que veía nuestro ojo, que palpaba el cuerpo: en otras personas, en nuestros hijos, en la naturaleza, en los animales domésticos, en la comida y la bebida, en el sexo y las diversiones, en placeres de diversa índole y, finalmente, en el dinero, la fama y el poder. Pero la verdad es que la fuente del Amor es una sola: es Dios. Nuestro Potencial Supremo Conjunto, acumulado por toda la humanidad a lo largo de todos los tiempos, pasados y futuros. Dios. He aquí la verdadera fuente del Amor. Y cuando se dice: «amarás a tu prójimo como a ti mismo», antes de eso está: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente». Porque para amar al prójimo es necesario colmarse de este amor a partir del Amor a Dios. Es precisamente el Amor a Dios la fuente de todo amor. Y esto no se trata de una obligación moral ante Dios, no. Dios no necesita nada de nosotros, Dios no carece de nada. Se trata de que todo Amor proviene de Dios, incluso aquel,
con el que Lo amamos a Él Mismo. Simplemente es fácil amar a Dios. El alma misma —si tan solo no la hemos malgastado por completo en el ajetreo terrenal—, nuestra alma misma ama a Dios como a su Fuente. Amar a Dios es fácil. El alma Lo reconoce a la primera Palabra Viva, al primer sonido de la Voz que escucha en sí misma como el eco de su propia Esencia Divina. La Palabra de Dios engendra en Ti el Amor hacia Él. Por eso está dicho: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca del Señor». Por eso es tan importante el Diálogo Interior con Dios: a partir de él se enciende en Ti el verdadero Amor. Y de este Amor procede todo lo demás: el alma se regocija, el espíritu se alboroza, todo Tu ser se colma de la Energía de la Vida, de esta Fuerza Divina, el cuerpo se sana, se restaura la integridad de la conciencia, se van las dudas, regresa la firmeza de la voluntad, se cumplen los deseos, se llenan todas las esferas de Tu vida, se armonizan las relaciones con los que te rodean, pues Tú mismo te conviertes en un canal de Amor ilimitado para ellos, se despliegan los talentos, se aclara la mente, se revela la Verdad, y en Ella, Tu propósito y el sentido mismo de la Vida. El Amor a Dios: he aquí la verdadera fuente y el principio del Amor. Pero incluso este Amor nos lo concede la Fuente Misma, Dios Mismo. Por eso, para despertar en nosotros este Amor, para poner en marcha Su caudal, en el Diálogo Interior nos dirigimos a Dios con una súplica: —Señor, enséñame a amarte con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi mente, lléname de Tu
Amor, del Amor hacia Ti. ¡No me abandones, Señor Dios mío! Y cuando Dios te responda: Yo Te amo, Somos Uno, eres perfecto a Mis ojos y nunca has estado solo. —Cuando Dios te responda desde el interior, sabrás con certeza que es Él, pues Tu corazón se estremecerá y el alma comenzará a revivir, y en los ojos asomarán lágrimas. Llorar por la Palabra Viva, por la Palabra de Dios en Ti, es normal, es bueno. Significa que el alma está viva y se purifica. Malo es si no sientes nada en respuesta a Tu petición. Entonces habrá que tomarse el asunto en serio: purificar el cuerpo, la mente y orar a Dios por el retorno de Tu alma; ayuno, abstinencia, oración. La oración la primera vez, hasta que Dios te responda —al menos con una leve señal en el cuerpo— y luego 50 veces al día, cada 10-15 minutos, con cualquier pregunta, pero lo principal: «enseña, ayuda a tomar conciencia, sana mi mente y mi alma». «Enséñame, Señor, a ser creador, creador consciente de mi realidad». «Ayúdame a comprender, Señor, para qué, con qué y cómo creo esto en mi vida: con qué creencias, deseos, con qué sentimientos y pensamientos». «Sana, Señor, estas creencias y estas dudas, estos deseos y estos sentimientos, ayúdame a disciplinar mi mente y a pensar desde el Amor, con Amor y para el Amor», «¡Enséñame, Señor, a vivir de modo que la Vida en mí se multiplique!». Y cuando preguntes una y otra vez, precises, pidas, Dios te responderá, una y otra vez, y Tú volverás a sentir una y otra vez Su Viva Presencia en Ti: una afluencia de fuerzas, de energía, del Amor mismo. Y no dudarás de estas respuestas, sabrás que esto es
la Verdad, y que Ella es Viva. Y por Ella, por esta Verdad Viva, Tú mismo te volverás Vivo. El Amor aviva, literalmente te resucita a la Vida. Estas respuestas pueden ser muy sencillas, incluso banales. Podrías haber leído algo parecido o haberlo escuchado de alguien cientos de veces. Pero siempre permanecía como mera información, sin penetrar más allá de Tu mente, donde puede habitar una multitud de opiniones diversas, de con-fusiones y dudas al respecto. Mas cuando el Amor Mismo te habla, ya no dudas: es la Verdad, y se asienta en Tu conciencia como piedra angular, como un fundamento firme sobre el cual ya se puede erigir la morada de Tu conciencia, con todos los demás pisos. Esto transforma Tu Fe, transforma Tus convicciones, transforma Tus deseos, transforma Tus sentimientos, Tus pensamientos y la forma misma de pensar. Te vuelves otro. Auténtico. Te conviertes en Ti Mismo. Y esto ocurre no solo en el plano sutil y espiritual. En el nivel fisiológico, Tus conexiones neuronales se reestructuran: todo el cuatrillón (1 000 000 000 000 000) de conexiones neuronales en Tu cabeza y en Tu cuerpo se reorganiza bajo el influjo del Amor y la Verdad que te llenan por dentro desde Dios. Y esto sucede muy rápido. Cambias profundamente en apenas dos o tres semanas, en un par de meses, hasta quedar irreconocible. Y en tres años y medio te conviertes en un ser humano absolutamente nuevo. El hombre viejo ha muerto en Ti. Ha resucitado el hombre nuevo. Por el Amor, por la Palabra Viva de Dios dentro de Ti, te conviertes en Tu Ser Auténtico. Y sientes esto con todo el corazón, con toda el alma, con toda Tu mente, y
con todo el cuerpo. Naces a imagen de Dios, en la Comunión de Cristo, y llegas a ser a Su semejanza, en el Diálogo Interior con Él. Esto es la deificación. Y así se puede vivir la Eternidad. Y solo así se puede vivir la Eternidad. He aquí algunos pasos-herramientas que te ayudarán en este camino, el camino de la deificación: 1. Reconocimiento de la verdad interior. La verdad nos une en un solo todo con la realidad que creamos. La mentira desune. En nosotros yacían ocultas muchas contradicciones y mucha mentira interna, desvíos y faltas contra nuestra verdadera naturaleza. Por eso no podíamos crear nada conscientemente ni corregirlo en calidad de creadores. No había integridad interior. Las fuerzas internas siempre tiraban en direcciones opuestas. La verdad nos libera de esta mentira y restablece la integridad interior y la unidad con la realidad como nuestra propia creación. Pero la Verdad puede ser desagradable, poco hermosa, dolorosa, y a menudo nos protegemos inconscientemente de ella; por tanto, para reconocerla, para verla tal cual es, se requiere la Presencia de Dios en el interior; por eso todo comienza con la Comunión con la Conciencia Divina, la Comunión de Cristo: desde Su Verdad se manifiesta toda la mentira interior. Y también hace falta sinceridad con uno mismo. Reconocer la mentira, acoger la Verdad, llenarse de la Verdad que viene de Dios. La Verdad es aquella verdad que te colma de Amor y acrecienta la Vida.
2. Declara la voluntad.. He aquí que has reconocido la verdad, por ejemplo, que no hay Amor. Ahora declara Tu voluntad, la Voluntad del Creador, sobre cómo quieres que sea. «Declaro mi voluntad, me
colmo de Amor ahora mismo (Señor, ayúdame en esto)». Y observa. Enseguida se abrirá el camino que te conducirá a ello. Tal vez sea necesario volver más de una vez al reconocimiento de la verdad interior, tomar conciencia y resignificar muchas cosas en Tu vida, cambiar mucho. Pero este es el camino, y hay que recorrerlo. Con la declaración de Tu voluntad el camino se abre; camina por él.
3. Examina los deseos contradictorios. Todo se crea según Tus deseos. Según Tus deseos verdaderos (no siempre conscientes). Pregunta a Dios en el Diálogo Interior: ¿para qué quiero que sea tal como es? Por ejemplo: «Señor, ¿para qué quiero no sentir Amor?». Pueden salir a la luz muchas respuestas: desde el «miedo al dolor» hasta «entonces tendré que cambiar mi vida». La toma de conciencia de los deseos contradictorios empieza por sí misma a armonizarlos; así obra la Conciencia Divina en Ti, de la cual participaste en el acto de la Comunión (Autocomunión). Pero es posible potenciar este proceso pidiéndole a Dios que armonice estos deseos contradictorios e integre en Tu conciencia un «nuevo tercero» para cada par de contradicciones. Para que en lugar de «o bien... o bien» resulte «y... y». En cuanto a los temores, aquí no hace falta buscar un «nuevo tercero»: simplemente pide a Dios que los sane en Ti. Sin Dios los miedos bloquean el Amor; Dios los transmuta en combustible del Amor. Por eso los santos padres suelen decir que el Temor de Dios es el principio del Amor. Al final debes ser libre de todos los miedos. El miedo no es la norma. El miedo es una desviación de la naturaleza Divina.
4. Observa los sentimientos. Pregúntate: «¿Y qué siento realmente ahora?». Observa en el corazón, en el cuerpo, en el alma. Escucha los sentimientos. Obsérvalos. Pide ayuda a Dios para concentrar Tu atención en los sentimientos, si no tienes ese hábito o si estos sentimientos te resultan desagradables (vergüenza, culpa, miedo, resentimiento, irritación, angustia). No apartes de ellos la mirada interior, aun si tales sentimientos son sumamente dolorosos. No durará mucho. Al mismo tiempo, obsérvalos como algo separado de Ti: Tú sientes, pero Tú no eres esos sentimientos. Al observar en Ti los sentimientos mismos, sin análisis añadidos, les transmites la energía del Amor que existe en Ti por naturaleza —desde Dios a partir del momento de la Divina Comunión—, y mediante esta energía transmitida por el canal de Tu atención, se eleva la frecuencia vibratoria de estos sentimientos; su cualidad se eleva ante Tus propios ojos, en la dirección del vector que el Amor Mismo traza. Tus sentimientos son un espectro continuo, un arcoíris de Amor dentro de Ti, y a los sentimientos «negativos» simplemente les faltaba energía para brillar con más fulgor y volverse más gratos. ¡Te sorprenderás de cuán rápido se opera la transfiguración de estos sentimientos! Tan solo no te detengas «en lo alcanzado» cuando «se sienta alivio». Continúa observándolos hasta llegar al Amor y a la Gratitud hacia Dios por la posibilidad misma de sentir. Los sentimientos dan testimonio de que estás Vivo. Vivir significa Sentir.
5. Cree. Deténte. Reflexiona críticamente en qué crees verdaderamente. Es exactamente lo que te acontece, es aquello en lo que están ocupados Tus pensamientos, Tus quehaceres y Tu tiempo. ¿Es con certeza esto lo que querías de Tu vida en
realidad? ¿Y en qué te gustaría creer? ¿Cómo desearías vivir? ¿Qué sentir? ¿A qué consagrarte? ¿Acaso anhelas el Amor y el Milagro? ¿La Abundancia? ¿El despliegue de Tu Talento único? Entonces, ¿por qué crees en el dinero y el poder, en el trabajo ingrato, en la «realidad objetiva» y en las deudas? Pide a Dios que transforme Tus creencias y convicciones; la elección consciente de la fe abre ante Ti nuevas posibilidades. Supongamos que eres «ateo, gracias a Dios» y que «no crees en nada de eso». Entonces tan solo supón por un instante que «eso» es posible. El Milagro es posible. El Amor es posible. Dios es posible. Tal vez sea precisamente Tu conciencia, Tus creencias y Tus deseos los responsables de Tu realidad. ¿Será posible? Es posible. ¡He aquí que la ciencia también dice que es posible! Incluso la admisión momentánea de una nueva fe entreabre para Ti una «rendija de posibilidades» por la cual comienza a fluir una nueva realidad. Acógelo como un don. Y luego no olvides agradecer a Dios. En Ti.
6. Valora. Todos los deseos ya han sido concedidos. Los deseos se cumplen a sí mismos. En nuestro mundo solo existe aquello que en verdad deseamos. El valor es un deseo prolongado en el tiempo. En mi mundo solo es perdurable lo que verdaderamente valoro. Por eso reconozco que esto (el Amor) es valioso para mí y le pido a Dios que cultive en mí el sentido del valor del Amor, la capacidad misma de valorar. Y la primera lección: el Valor es Atención. Hacia donde va la atención, va la energía; hacia donde va la atención, eso crece. Si valoras el Amor por encima de todo, dedícale Tu atención primordial.
«Si quieres acrecentar el Amor en Tu corazón, no apartes de Él la mirada».
7. Activa la consciencia. La Conciencia del Creador. Practica la restitución hacia Ti de la voluntad, la fuerza y la responsabilidad de Creador sobre Tu estado, sobre Tu vida, sobre Tu realidad y Tu Juego Divino. ¿No sientes Amor? Declara la voluntad: «Recupero mi voluntad de crear mis sentimientos y mi realidad según mi elección consciente. Recupero la fuerza y la responsabilidad de creador sobre mi estado. Recupero la fuerza y la responsabilidad de creador sobre mi vida. Recupero la fuerza y la responsabilidad de creador sobre mi realidad. Recupero la fuerza y la responsabilidad de creador sobre mi Juego Divino como parte del Juego del Dios Único. Amén». Y observa cómo la realidad empieza a transformarse, los sentimientos se iluminan, la mente se aclara. Ahora sabes qué hacer. Quizá sea necesario reconocer la verdad ante Dios, declarar la voluntad: «No siento Amor en este momento, Señor (y me aflige, pues valoro el Amor por encima de todo), pero asumo la responsabilidad por mis sentimientos y declaro mi voluntad de retornar el Amor a mi corazón, lo anhelo profundamente y suelto todos los miedos, formas de pensamiento y deseos que bloqueaban el Amor en mí; ¡elijo el Amor a Dios! (¡Señor, enséñame a amarte de verdad, purifica mi corazón, mi alma, mi cuerpo y mi mente para el Amor, lléname de Tu Amor, resucítame a la Vida auténtica, al Amor! Amén). ¿Qué necesito comprender respecto a esto, Señor, ahora mismo?». Y escucha con atención las respuestas de Dios, declara la voluntad a partir de su discernimiento, toma
decisiones, transforma Tu vida en el instante presente: realiza los actos necesarios, haz llamadas, modifica acuerdos, condona deudas y obligaciones, devuélvete la libertad a Ti y a los demás, fortalécete en la fe, suelta las dudas, entrega Amor…
8. Ama. No hay nada más insensato que esperar algo y no comenzar a serlo ya. Así que empieza a amar. Ahora mismo. El Amor está por encima de todo, y ser Amor significa ser Su canal, significa derramar Amor sobre los prójimos. ¿Cómo? Pregúntale a Dios en el Diálogo Interior. Con atención, con cuidado, con preguntas sencillas: ¿Cómo estás? ¿Qué sientes? ¿En qué te puedo ayudar? Que sepas que te amo. Recuerda que Dios está en Ti y siempre responde a Tu primera petición. «¡Reacciona y levántate! (Con una sonrisa) ¡Si eres el creador!, ¿en quién más estaría la causa?». Ora por el otro. Es la forma más hermosa de oración. Es la que más agrada a Dios. Ora por el otro: pídele a Dios que le dé tanto Amor cuanto esté dispuesto a recibir en este momento, y al instante sentirás ese Amor en Ti. Declara con mayor frecuencia la voluntad de abrir Tu corazón y llenarte desde la Fuente. «Declaro mi voluntad: abro mi corazón para el Amor. Me colmo del Amor Divino desde mi fuente interior en mi corazón como proyección y prolongación de nuestra Fuente Única de Vida en mí. Observo cómo la Energía del Amor llena con su luz todo mi ser, purificando mi alma, mi cuerpo, toda mi conciencia y elevándome hasta el nivel de las vibraciones de la Gratitud, del Amor Incondicional y de la Aceptación sin Juicio. Con gratitud
suelto todo lo que en mí bloqueaba el Amor y a todos los que estaban tras de ello. De ahora en adelante ya no os necesito, pues tengo una relación directa con Dios, la Fuente del Amor en mí, y me nutro directamente de la Fuente, y a todos los demás les otorgo el derecho de nutrirse directamente de la Fuente Única; no me alimento de la energía de nadie ni alimento a nadie con la mía. Doy por concluidos todos los acuerdos y obligaciones, contratos kármicos y ataduras; me devuelvo la libertad a mí mismo y a todos con quienes estuve unido por tales acuerdos. Los considero cumplidos, pues me han conducido a su fin supremo: al Amor. Amén». Y observa el Amor. No apartes de Él la mirada.
9. Di la Verdad. Activa el Diálogo Interior. La Verdad colma de Amor. Es un hecho. Porque la verdad procede de Dios, de la Fuente. Si anhelas Amor, manifiesta la Verdad. Declara en voz alta Tu verdad interior, mediante la cual Dios se manifiesta a través de Ti ahora mismo. Di la Verdad. —¡Señor, habla a través de mí!
Conversa con Tu alma. «Alma mía, ¿qué deseas?». Pregunta al Espíritu: «Espíritu mío, ¿cómo puedo otorgar esto a mi alma ahora mismo?». Y actúa. Manifiéstalo. La Vida es siempre aquí y ahora. En este mismo instante. No lo postergues. Declara Tu verdad interior en Tus redes sociales. ¡Para alguien esto puede ser ahora mismo una verdadera salvación, un sorbo de Agua Viva en el desierto de la rutina inerte! Manifiesta la Verdad y esto acrecentará el Amor en Ti y en el mundo ahora mismo. «Señor, ¿qué necesito comprender ahora mismo?
¿En qué reside mi verdad? ¡Recuérdamelo, Señor! ¡Ayúdame a declararla abiertamente y sin vergüenza! Amén». Decir la Verdad es la mayor manifestación del Amor. Porque la Verdad es Amor. El Amor es Verdad.
10. Manifiesta Tu talento, el don que viene de Dios. Decir la Verdad es un talento. Un don de Dios. Pero existe además una multitud, una incontable multitud de talentos, que se acrecienta día tras día con nuevos y nuevos creadores despertados a la Vida Eterna, con talentos enteramente nuevos que jamás existieron antes y que no encontrarás en ninguna clasificación de profesiones. Descubre en el Diálogo Interior con Dios cuál es Tu don y cómo puedes comenzar a manifestarlo ahora mismo. Tal vez no sea nada del todo nuevo. Tal vez sea algo que siempre supiste acerca de Ti. Pero el Amor es energía, y la energía es movimiento, y para que el Amor sea en Ti un caudal vivo, es necesario derramarlo constantemente, derramarlo gratuitamente. Como don de Dios. Por gracia. No esperes que te paguen por él. No intentes monetizar Tu talento. Todos Tus anhelos, todas Tus necesidades ya están provistas por Dios (si es que Le conoces, por supuesto), todos Tus deseos ya han sido concedidos; que Tu mano izquierda (recibir) no sepa lo que hace la derecha (dar). Da sin medida, simplemente para canalizar a través de Ti este torrente de Amor, y recibe sin inquirir si eres digno o no de ello, si lo mereces, pues todo lo que das procede de Dios, y todo lo que tomas, aun a través de las personas, proviene igualmente de Él. Así que manifiéstate con audacia, presenta al mundo Tu talento: lo haces por Ti, no por el mundo; por el Amor, por
el Deleite. ¿No conoces Tu talento? Pídelo en oración al Señor hasta alcanzarlo. Todos los talentos proceden de Él. El talento en Ti es Nuestro Potencial Colectivo Conjunto, expresado en la forma única que el Todo necesita ahora, y que solo puede manifestarse a través de Ti gracias a todas Tus elecciones, a toda Tu experiencia y a todo el camino recorrido en la vida.
11. El Amor somos Nosotros. Ora por todos. El Amor no soy yo, el Amor es siempre Nosotros. Incluso Dios nos necesita; aun a Él Le fue necesario dividirse a Sí Mismo en multitud de partes —en nosotros— para que sucediera el Amor. Cuando sientas que el Amor no basta, ora por todos Nosotros, para que en todos Nosotros acontezca el Amor, para que todos Nosotros alcancemos nuestra Felicidad. La oración por los demás, y muy especialmente la oración por todos, es un instrumento poderosísimo para abrir el corazón y multiplicar el Amor en el Planeta. Y, por tanto, también en Tu corazón. «Señor, cólmanos a Todos de Tu Amor, enséñanos a amarte con todo el corazón, con toda el alma y con toda Nuestra mente, enséñanos a amarnos los unos a los otros, y multiplica así Tu Amor en Nosotros, pues es el Supremo Deleite: amar. Cólmanos a todos de talentos, Señor. Despiértanos a la Vida Eterna, por más profundamente que hayamos dormido y desde cualesquiera alturas de Tu Espíritu hayamos caído, habiéndote negado por insensatez, olvidando el Amor y traicionándonos a nosotros mismos en ello. Libéranos de todas Nuestras
deudas y obligaciones mutuas con las que nos hemos sobrecargado en nuestra inconsciencia, olvidando que todo proviene de Ti, Señor, y que todo se crea según nuestros deseos y nuestra fe. Sana Nuestra Conciencia Colectiva, Señor, líbranos del patrón engañoso de percepción, cólmanos nuevamente de Tu Espíritu, enséñanos a ser creadores conscientes de Nuestra Realidad Colectiva, sana y purifica Nuestra Alma Única, Señor, y llénala de Amor. Porque Somos hijos Tuyos, Padre. Enséñanos, pues, a ser dioses. Amén».
12. Unidad y Transfiguración a través de la Comunión del Uno. Hasta ahora nos hemos dirigido en el Diálogo Interior a Nuestro Señor Jesucristo. Pero la misión de Jesús es prepararnos —a nuestra mente, nuestra alma, nuestro corazón; nuestras creencias, deseos, sentimientos y pensamientos— y conducirnos al Dios Único Padre-Madre. Para que por el Amor del Uno nos expandamos hasta el Amor por todo lo existente, por todo cuanto fue, es y será. Así nos convertimos en Unidad, en un Nosotros Único, en la Unidad de la diversidad del Dios manifestado a través de Nosotros, y el Amor Mismo en Nosotros se ensancha y se eleva hasta la Devoción reverente ante el Dios Único Espíritu-Padre-Madre en Unidad con lo no manifestado. El Uno es Todo y Nada. Todo lo Existente manifestado en todos los planos de la Creación y todo lo No Manifestado, el Gran Vacío, el Gran Vientre de la Madre Única, el Potencial de todo.
fuente: Radomir · «Comunión del Amor»
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«En cada instante hay una oportunidad de agradecer a Dios por Su don infinito» — Comunión del Amor 2
El aliento es uno para todos: de él vive cada persona, sea quien sea y crea lo que crea. Cada día a las 11:11 de la hora local la gente se detiene sesenta segundos, respira y agradece a Dios el aliento: cada uno con sus palabras, cada uno en su interior. En ese minuto somos un solo Aliento.
WEBREATH — el Minuto a las 11:11, su hora local: somos un solo Aliento