Concordia
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8. Pensamientos

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El pensamiento es el techo del edificio —y la cima de la Arquitectura— de nuestra Conciencia como tal. Mediante el pensamiento podemos reconocer en nosotros mismos la Causa de todo lo que acontece en nuestra realidad, acudiendo en busca de auxilio para la comprensión a nuestros aspectos superiores, Divinos, analizar y, de ser necesario, corregir, reflexionar e intensificar el sentir, activar el flujo del Amor y crear el estado interior del Reino de Dios, que «dentro de nosotros está», dirigirnos a la Verdad Viva y ser Su canal agradecido y co-creador, experimentando el Supremo Deleite de manifestar la Palabra Viva en el mundo. Mediante el pensamiento podemos iniciar una cadena de pequeñas transformaciones y sucesos sutiles que, en última instancia, cambiarán de raíz nuestras creencias y convicciones, nuestro patrón de percepción y toda nuestra vida. Mediante el pensamiento podemos revelar y armonizar nuestros deseos contradictorios, reconciliando todas las fuerzas opuestas. Con la ayuda del pensamiento tomamos decisiones trascendentales, eligiendo el vector de nuestro desarrollo. Mediante el pensamiento dominamos nuestras emociones y nuestras vivencias, nuestros estados y nuestra realidad exterior, encauzando el curso de los acontecimientos en la dirección que deseamos. Con la ayuda del pensamiento buscamos y revelamos nuestros talentos, reclamamos, hacemos conscientes y presentamos al mundo nuestros dones Divinos, organizamos nuestra comunicación y entramos en comunión con otros co-creadores, creándonos a nosotros mismos como una obra maestra, ayudándoles a realizarse y co-creando conjuntamente nuestra realidad colectiva compartida, nuestro Paraíso común.

Mas todo esto ocurre si nos reconocemos como creadores, y no como luchadores contra la «realidad objetiva» (léase, víctimas de ella). De lo contrario, nuestros pensamientos se transforman (y regresan por defecto) en una «batidora mental» inconsciente que perpetúa miedos, dudas, falta de Fe en Uno Mismo, formas-pensamiento de lucha por la supervivencia y competencia estéril. Toma conciencia: aquí no hablamos de que «el pensamiento es material» y por ende «piensa en positivo». Tus pensamientos, tu patrón mental, son la consecuencia del funcionamiento de los pisos inferiores: la fe, los deseos y los sentimientos habituales. Por tanto, si quieres cambiar tu patrón de pensamiento, tendrás primero que ocuparte de los pisos inferiores de tu conciencia, comenzando por el cimiento de la Fe.

«El pensamiento positivo solo funciona en quienes ya tienen un pensamiento positivo. No se puede cambiar sin antes desentrañar las creencias, convicciones, deseos y patrones de sentimiento subconscientes (inconscientes)».

Por eso, es precisamente la conciencia plena, es decir, la comprensión crítica del contenido interno de la propia conciencia (creencias, deseos, sentimientos) a través del espejo de la realidad material y la reflexión (el reflejo en la conciencia) de los propios estados y sus causas verdaderas —es precisamente esta toma de conciencia, que reconoce y busca la causa de todo lo que acontece en sí misma, en su propia conciencia— la capaz de transformar la naturaleza de nuestro pensamiento y

confirmar nuestro estatus como Ser Humano consciente y Corona de la Creación.

El tránsito hacia el pensamiento consciente, hacia la disciplina de la mente que devuelve constantemente el foco de nuestra atención a lo primordial, orientando la mente hacia la toma de conciencia de la verdad interior —la verdad de nuestros estados y sentimientos en cada instante, de las dependencias y la falta de libertad interior, del descontrol de uno mismo, de la sumisión a los instintos, a los miedos y a los deseos destructivos subconscientes; una verdad poco grata, pero la única capaz de poner en marcha en nosotros el proceso de transformaciones profundas—, con el arrepentimiento que brota de manera natural de esta verdad y el nacimiento de nuevos deseos ya conscientes, y la elección consciente de la Fe que se desprende con igual naturalidad de todo ello, y más adelante, el desarrollo de un arsenal en constante expansión de habilidades y herramientas de la Conciencia del Creador y la Tecnología del Amor: la armonización de las contradicciones internas, la reestructuración de los patrones del sentir, la higiene de la conciencia, la elección consciente de la perspectiva, la proclamación de la voluntad del Creador, la creación del estado mediante la palabra, el diálogo interno con las Formas Superiores de conciencia: el Espíritu, los Guías Mayores, la Conciencia Crística, Dios Padre y la Madre Divina; la comprensión de las causas verdaderas de tales o cuales circunstancias, la toma de decisiones directivas conscientes, el análisis de la retroalimentación de la realidad, la corrección de la voluntad, la sanación y rectificación de programas subconscientes, incluidos los ancestrales, la re-creación de la realidad, la invitación a co-creadores y la forja de alianzas y uniones creativas con otros

creadores sobre la base de valores compartidos, la elección y activación del propio Juego Divino, la participación en el Gran Juego del Dios Único, etc. —es esto lo que nos abre a nuestro Supremo Potencial: la auténtica deificación del ser humano, el devenir del Ser Humano Creador.

Antes de continuar leyendo, haz una pausa; analiza: ¿cuál es la naturaleza de tu pensamiento? ¿Hasta qué punto es consciente y hasta qué punto está sometido a la «batidora mental» inconsciente, a la «cháchara de la mente»?

¿Y bien? ¿Has sentido el deseo de recuperar el poder sobre tu mente? Declara tu voluntad para ello. Y comienza a practicar: mantener el foco de tu atención en los sentimientos, la elección consciente de la Fe, la higiene de la conciencia, la recuperación de la Responsabilidad del Creador, la creación consciente del estado mediante la palabra, la oración sincera y el diálogo interno con Dios (encontrarás ejemplos de la aplicación de estas herramientas al final de esta Guía).

Y es entonces, cuando adquieres la disciplina de la mente y aprendes a sostener el foco de atención en los sentimientos (¡pues ¿de qué otro modo conocerás el Amor, la Felicidad, la Verdad —que son verdaderamente Amor, Felicidad y Verdad?!), cuando descubres la verdad, la incómoda verdad de que estás sordo a los sentimientos, de que no conoces ni el Amor, ni el Gozo, ni mucho menos la Gracia Divina, sino que, por el contrario, estás lleno de reacciones programadas —miedos, culpa, rencores, dudas y lucha—, cuando surge en Ti el anhelo de liberarte de este hombre viejo dentro de Ti,

del ser-víctima en tu interior y de sus mezquinas pasiones y apetitos terrenales, y conocer el Verdadero Deleite: el Deleite del Amor Incondicional, de la Verdad y de la Gracia Divina, que se manifiesta en tu auténtico talento, en el Don Divino que comenzará a derramarse a través de Ti como Amor, Suprema Sabiduría y Abundancia sobre quienes te rodean, sobre los cercanos y los lejanos.

Y tras innumerables intentos infructuosos de librarte de esta oscuridad interior para convertirte en luz, al fin desearás que Dios Exista.

Desearás que Dios Exista. No porque Él exista objetivamente. No. Dios es también producto de la fe y del deseo, como todo lo demás, pero desearás que Dios Exista, y lo desearás con tanta fuerza porque te dolerá profundamente esa verdad sobre Ti Mismo, sobre tu pequeñez, sobre tu falta de dominio propio… Desearás que esta Gracia, esta Suprema Verdad, esta Verdad, este Amor, Que es Dios Mismo, se revele en Ti y resplandezca en tu interior con luz verdadera, «la Luz que brillaba en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella».

Desearás la Verdad, y la Verdad se revelará en Ti. Suplicarás (sin saber a quién, hacia el vacío), pero por primera vez con sinceridad, con fervor, con el corazón abierto y la mente enfocada:

fuente: Radomir · «Comunión del Amor»

WEBREATH · 11:11

«En cada instante hay una oportunidad de agradecer a Dios por Su don infinito» — Comunión del Amor 2

El aliento es uno para todos: de él vive cada persona, sea quien sea y crea lo que crea. Cada día a las 11:11 de la hora local la gente se detiene sesenta segundos, respira y agradece a Dios el aliento: cada uno con sus palabras, cada uno en su interior. En ese minuto somos un solo Aliento.

WEBREATH — el Minuto a las 11:11, su hora local: somos un solo Aliento